Mentira Mentira es uno de los actos con más huevos en Mexico. Sus presentaciones en vivo están dotadas de una energía particular que pone a sus espectadores a estamparse unos con los otros como si no existiera mañana. Incluso, el mismo Gaby -mente maestra detrás del grupo- se toma tiempo para cotorrear con el público y provocar el desmadre que se lleva a cabo mientras está tocando. Su catálogo ha pasado por una metamorfosis particular, en donde ha pasado de ser el tipo que rompe las cuerdas de una guitarra a aquel personaje que conceptualiza su obra y la llena de una interesante narrativa que hay que apreciar. En todos los momentos de ese recorrido Gaby ha estado acertivo.

Su más reciente disco, aptamente titulado A Season in Hell, lo encuentra en su punto más analítico y menos visceral. Aquí dentro se puede encontrar un hilo conductor que no sea el desgaste de la vida como en sus anteriores producciones. Se puede escuchar a un grupo más preocupado por el desarrollo del disco como un todo que como un perfecto maquilador de himnos a la masacre. Es una temporada en el infierno que no existe para sufrir a golpes duros, sino para hacerlo de manera psicológica. Aquí la mente es aquella que castiga.

El disco parece contar una historia en particular. Una en la que el personaje principal sufre de alucinaciones que son dignas herederas de los mejores pasajes de X-Files, con sus incoherencias y sus visiones de realidad. Clara antesala a la increíble columna que escribe Gaby hoy en día. No es sorpresa que de pronto se pueda escuchar una narración en la que nuestro personaje sueña con lugares que no existen (And There Was Nothing), dialogue con personas que habitan en un escenario creado por su propia mente(Visions) o que existan sentimientos kafkianos producto de la imaginación alucinógena (Sandlocks).  Lo que aquí sucede es una experiencia sobrenatural y el grupo no tiene empacho en demostrarlo.

Las canciones están construidas con mucho más cerebro que sus antecesores y tiene más que ver con contemporáneos de Gaby como Lorelle Meets The Obsolette o Los Mundos (tampoco sorprende que El Chivo haya sido parte fundamental de la grabación). Aquí el grupo ya no se escucha como los eternos punks de Meaningmore, ni como la resurrección de Nirvana como en No Way Out, sino que tiene más que ver con alguien como Apache O’ Raspi en su manera de obtener influencias. Remedios Varo lo fue para ambos. Mientras uno la homenajea con artesanía, el otro la deconstruye de una forma oscura y tremendamente paranormal.

A Season In Hell tiene, también, una voz femenina -cortesía de Gabriela Jauregui- que lo hace todavía un poco más racional con su narrativa. Gaby aparece sólo en un par de canciones que poco tienen que ver con la odisea extraterrenal del resto del disco. Como si Baby y No One Told Me fueran tan sólo reminiscencias de la vida original del protagonista. El resto del disco está lleno de alucinaciones que van desde el asesinato hasta la interacción con personas que no existen. El infierno de Mentira Mentira no es cuando se está sin vida, sino cuando alteran la realidad en ella.

Al final del disco se puede escuchar a Jauregui decir “He will be coming soon” en From Outer Space, justo antes de que una canción llamada Abduction termine todo en una atmósfera de extraña soledad que recuerda a los momentos más introspectivos de Noah Lennox. Para ese entonces el visitante del espacio exterior se ha ido, las alucinaciones se han terminado y nuestro personaje principal se ha quedado para esperar el regreso. Para los que escuchamos el disco el regreso es inmediato al volverlo a reproducir. El escucha no alucina, pero siente en los oídos el sobresalto del disco. Una experiencia del tercer tipo que pocos pueden presumir de provocar ahí afuera.

– Joan Escutia, Tacon de Oro